El PRI y las izquierdas: las otras crisis

Nota publicada el dia: 2017-03-13 | Por Bulmaro Pacheco

Bulmaro Pacheco

 

 

Más tardó en celebrarse el 88 aniversario del PRI que sus adversarios en atizarle por todos lados, buscando afianzar la tesis de la próxima derrota en la elección del 2018, aprovechando los procesos electorales de Coahuila, Estado de México, Nayarit y Veracruz, y el discurso del presidente Enrique Peña Nieto ante los priístas en la ceremonia de aniversario, donde fustigó a las oposiciones, señalándoles que no tenían proyecto o destacando el riesgo para México de que llegaran al Poder.

 

¿Y tendrá buenas cuentas el PRI en esos estados?

 

En Coahuila y el Estado de México los números lucen cerrados entre los tres principales candidatos, pero con ligera ventaja para el PRI, no así en Nayarit y Veracruz donde se registra una alta competencia entre tres fuerzas y el PRI luce en segundo lugar, aclarando que en Veracruz se elegirán 207 ayuntamientos en un contexto donde el ex gobernador Javier Duarte sigue prófugo de la justicia, y en tanto no sea capturado antes de las elecciones, el caso seguirá pesando enormidades en contra del PRI, no sólo en Veracruz sino en el resto del país, por el mensaje que manda de impunidad y corrupción; las armas favoritas de los opositores del PRI para estar a cada rato señalando sus fallas. También el PRI deberá revisar todos aquellos casos donde se ha señalado corrupción y hoy gobiernan sus opositores, como en Chihuahua y Quintana Roo, que no quitarán el dedo del renglón en los meses que faltan para el 2018.

 

¿Y qué hará el PRI?

 

Tratar de salir airoso en las elecciones de junio, y buscar que los casos pendientes de aplicación de la Ley a los acusados de corrupción sean aclarados y se lleve ante la justicia a los señalados para tratar de revertir los señalamientos de las oposiciones.

 

Recordemos que el PRI tendrá varios momentos importantes para su vida interna en lo que resta del 2017: La elección en cuatro estados en junio, la XXII Asamblea Nacional del mes de agosto y la selección de la candidatura presidencial de finales del año.

 

Los tres acontecimientos serán una verdadera prueba de fuego para la unidad interna del partido y para evaluar el grado de competitividad electoral con que llegará a la elección del 2018. A diferencia de otros partidos donde ya se mueven las piezas políticas entre varios de los aspirantes, en el PRI se señalan a los probables para la candidatura, sin profundizar mayormente.

 

¿Y los temas de la agenda?

 

Al tema del llamado “gasolinazo”, se le agregó de inmediato la postura del nuevo gobierno de Donald Trump y los procesos electorales de junio. El de la gasolina se ha ido atemperando con manejo, diálogo y medidas de política económica. Con Donald Trump, las posturas se han ido asentando. La moneda se ha estabilizado, sin que eso signifique desaparezca el peligro, y en los procesos electorales en cuatro estados, los principales partidos políticos se han armado hasta los dientes para tratar de ganar, sabiendo lo que ahí se juega de cara al 2018.

 

¿Definitivos esos procesos para el 2018?

 

Definitivos no, pero indicativos sí. Tanto de la fuerza de los partidos como de la credibilidad de las encuestas que tanto se han cuestionado en los últimos tiempos.

¿Los críticos del PRI usaron los mismos argumentos?

La llamada “comentocracia” siguió atizándole al PRI, irónicamente con más intención de cerrarle y negarle posibilidades futuras de recuperación que señalar objetivamente la real situación del partido en el gobierno y las posibilidades que tiene de recuperarse. Hubo algunos con franca petulancia, que le cerraron al PRI la posibilidad de ganar en 2018 aún ganando el Estado de México; que a juicio de muchos será la elección más atractiva de las que vienen por ser la tierra del presidente de la República, y uno de las mayores reservas de votos para los partidos políticos.

 

¿Y los opositores reaccionaron?

 

Principalmente los panistas y el dirigente nacional de Morena que acusaron al presidente de la República de estar fuera de la realidad y señalar que “no todo el pasado fue peor”. Han combinado las posturas en contra del PRI, sumándolas a las estrategias de sus trabajos pre electorales, tanto del 2017 como del 2018.

 

Anaya, Margarita Zavala y López Obrador se mueven, tanto en los estados que tendrán elección como en algunas ciudades de los Estados Unidos, simulando apoyos a los  mexicanos que viven allá, utilizándolos como objetos de su propaganda electoral, más para la foto que para tratar de ablandar los rigores de la política anti inmigrante del gobierno de Trump.

 

Esos eventos políticos en el extranjero al calor del debate aquí y allá sobre el nuevo gobierno de los Estados Unidos han sido intrascendentes,  y sus efectos son mínimos para la relación bilateral.

 

¿Y la crisis en el PRD?

 

Al perder a sus principales fundadores, el PRD -a punto de cumplir 28 años- ha perdido también a los escasos referentes de unidad que en un tiempo actuaron como ejes articuladores de los grupos y corrientes internas, así como de disciplina interna, y dieron paso al control de las llamadas tribus, que han utilizado al partido para su propio beneficio, con alianzas desaseadas, aventuras y negocios, donde lo que menos ha importado ha sido la unidad y la fortaleza del partido de cara a los desafíos.

 

El espectáculo que están dando los perredistas con motivo de la remoción de Luis Miguel Barbosa como coordinador parlamentario en el Senado, muestra la rudeza de la crisis más profunda que enfrenta ese partido, no sólo de disciplina interna sino de identidad y operación política ante su nueva circunstancia, que se negaron a reconocer desde que se saliera Cuauhtémoc Cárdenas en noviembre del 2014.

Se salió primero López Obrador para fundar su propio partido, después Cuauhtémoc. Muñoz Ledo ya tenía rato fuera, y después personajes emblemáticos como Alejandro Encinas. Marcelo Ebrard salió muy cuestionado y no se asoma, y Mancera no parece reunir los requisitos del liderazgo político que ejercieron los anteriores. El colmo de Mancera es que a cada rato repite que no está afiliado al PRD. ¿Cómo así?

 

¿Qué le pasó al PRD?

 

Dice Zambrano: “No ignoro que tenemos problemas, como los tienen todos los partidos, pero algunos se empeñan en magnificarlos para justificar su paso a otras formaciones partidarias sin argumentar diferencias de programa o de principios con el PRD, sino más bien evidenciando que su interés fundamental es personal”.

 

Dice Pablo Gómez: “Ha empezado una purga en el gobierno capitalino. Se renuncia a quienes proponen a López Obrador como candidato de las izquierdas. Eso nunca se había visto ni en tiempos de Cárdenas, de AMLO o Ebrard. La cuestión es fea pero no es grave. Lo que no tiene nombre es que Miguel Ángel Mancera haya comprado al PRD”.

 

Y continúa: “La supuesta destitución de Miguel Barbosa como coordinador del grupo parlamentario del PRD en el Senado, por la vía de la también imaginaria suspensión de sus derechos es un manojo de ilegalidades insostenible, porque quien “suspendió” derechos carece de facultades y la destitución la hizo sin abrir causa y dar audiencia, pero además se inventaron un grave delito de opinión. A Barbosa se le acusa de proponer que el PRD postule a AMLO, quien no es miembro del partido como tampoco lo es Mancera, aunque quiere ser candidato presidencial del mismo PRD. Además los legisladores jamás podrán ser reconvenidos por las opiniones que manifiesten”.

 

Alejandra Barrales, la dirigente nacional, dice: “En cualquier lugar del mundo, quien decide militar libremente en un partido decide respetar las normas internas. Quien no lo comparte o no quiere hacerlo, está en libertad e no militar. Lo que el PRD no puede solapar, tolerar, es la incongruencia”, y remata: “Será decisión del partido y no individuales tema de las alianzas”.

 

Y el principal implicado en esta crisis (Barbosa) ratifica que “No tengo por qué rajarme. Nunca nos rajamos. No, no, no tengo por qué rajarme. Todo dependerá de la gente y si la gente entonces decide que no vayamos, pues eso ya será una decisión de la gente, mientras no sea eso, ahí vamos, vamos para adelante […] Obviamente, yo no estoy afiliado al PRD, pero siempre hemos trabajador a mí me interesa que le vaya bien”.

 

¿Que queda del partido que presume haber ganado la Ciudad de México desde 1997?¿Dónde quedó la energía desplegada para avanzar en las elecciones de 2006 y 2912?¿Dónde quedó la autocrítica posterior a la renuncia y salida de los principales iconos del partido?¿Que le espera ante la irrupción de Morena y la despedazada que está padeciendo?

Pepe Cárdenas dice: “Los hechos provocan encono y estupor, enseñan los calzones de un PRD exprés, pulverizado que en medio del caos difícilmente podrá sobrevivir en estado catatónico, por ésta y otras dolencias crónicas”.

 

Ayer fue al PRI al que se le señalaron su crisis y se le magnificaron los pronósticos sobre su desenvolvimiento a 88 años de su creación. Ahora es al  PRD al que le señalan su reciente crisis por la creciente desbandada de sus representantes populares para apoyar a Morena y a su candidato Andrés Manuel López Obrador.

 

Al PRI, hasta ahora, lo han blindado tanto su unidad interna como el liderazgo del presidente Peña Nieto; su referente de unidad, recuperado después de 12 años (2000-2012) de carecer de esa figura.

 

En el PRD no hay nadie con el tamaño y el peso político y moral que tuvieron tanto Cárdenas como Porfirio, Encinas, Ifigenia y López Obrador, para tratar de conciliar y llamar a la unidad ante la crisis que enfrentan. Las ambiciones en su seno están desatadas y la candidatura presidencial se convierte en la manzana de la discordia. Triste espectáculo el que están dando los militantes del Sol Azteca, en una crisis que no parece amainar y que sin duda, afectará su competitividad electoral en 2018.

 

Uno más a la cuenta de quienes llevan el seguimiento y la bitácora política de los partidos políticos, tanto en su operación como en sus conflictos. A ver si son tan exigentes como lo han sido con el PRI y sus crisis. ¿Será?

 

bulmarop@gmail.com

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